Volando sobre los Andes

Uno de los mejores espectáculos que la naturaleza te puede ofrecer: hoy, en un vuelo comercial, atravesé la cordillera de los Andes. ¡Qué impacto, qué momento más emocionante!
Las montañas son tan exageradamente altas que muchos de los vuelos que salen desde Santiago son ligeramente desviados para pasar por las partes más bajas de la cordillera. La nieve de las montañas y las rocas escarpadas te rodean los 30 minutos que se tarda el avión en cruzar. Es algo tan impactante que el avión va a su altura sobre el nivel del mar acostumbrada, pero las montañas parecer rozar en algunos momentos las alas.
Es un trayecto tan difícil y se presta tanto a accidentes que durante el cruce está prohibido levantarse del asiento. Sientes que permanentemente el avión sigue despegando. Definitivamente son las peores turbulencias que alguna vez he sentido, seguramente debido al viento que las montañas avientan al cielo.
¡Qué espectáculo! A dónde sea que volteo, se ven enormes montañas. Unas con más nieve y unas más rocosas. Parece un atardecer irreal, rodeado de una de las imágenes más impactantes que he visto: los Andes.
Estoy seguro de que la mayor parte de los aviones que salimos de ese aeropuerto vamos en fila por la única ruta que las montañas hacen posible.

Cientos, miles de personas hicieron que este viaje comercial se hiciera posible. Científicos dedicados a la aviación y aeronáutica, especialistas en vuelos y en la orografía andina decidiendo la trayectoria que deben de seguir estos vuelos. Personas que dieron su vida para hacer que una máquina como estas volara a estas alturas y bajo estas circunstancias, trazando la mejor ruta posible para que un avión lograra la proeza de atravesar los Andes. ¿Cuántas personas no darían lo que fuera -o hubieran dado- para ver al ser humano cruzar estas montañas en sólo treinta minutos?
Hoy, gracias al esfuerzo de tantas y tantas personas, este vuelo se hace de manera rutinaria y cientos de aviones atraviesan diariamente la cordillera. Tan rutinario, tan tradicional, tan típico, que la persona en la ventana de junto prefiere leer la Vogue y enterarse de las tendencias de la estación, desafortunadamente, eso sí es novedad.
¡Estás volando sobre los Andes!

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