Sobreviviendo a la Argentina (casi) sin un peso

Sobreviví a la Argentina: estuve algunos días en la ciudad de Buenos Aires. Bellísima ciudad llena de historia, cultura y patrimonio; no en vano la conocen como la “París de América”, con cientos de plazas, parques, calles peatonales y hasta uno de los panteones más bonitos que he visto- el de la Recoleta. Impresionante ciudad, con muchos detalles que ofrecer como decenas de teatros, museos y espacios artísticos; yo quedé enamorado de la ciudad.

Al hacer un recuento del viaje me di cuenta de que recorrí la ciudad y prácticamente no conocí el peso argentino, pero no por cuestiones de presupuesto sino por una estrategia bastante cuestionable para regular el mercado monetario: nadie puede comprar más de U$50. Para evitar otra devaluación como la que sufrieron hace algunos años, evitan, a toda costa, la salida de dólares del país.
Gracias a diversas pláticas con los argentinos -que ¡che, viste, no hablán tan claro como pensás vos!- entendí que a través de su pasaporte regulan la venta de dinero extranjero. Sin importar mucho el mecanismo que utilizan, lo cierto es que los dólares valen y mucho, además, el resultado de cualquier política de prohibición es siempre el mismo: mercado negro. Tu caminás por las calles del centro y cientos de personas te murmuran que te compran tus dólares (o cualquier moneda extranjera, principalmente reales de Brasil) y que te ofrecen más que otros. El precio oficial es casi de 5.25 pesos argentinos por un dólar, pero en esos lugares te los llegan a comprar a 6, 8 y hasta en 10 pesos… es cuestión de negociar.
Una de las partes que más disfruté de Buenos Aires fue ver a los vendedores, cajeros y meseros reaccionar cuando yo les decía que sólo podía pagar con dinero del extranjero.
¿Aceptas dólares? les preguntaba con voz de ingenuidad.
-“Sí, aquí los aceptamos a 7”, me dijo una chica sonriente en un restaurante. Le brillaron los ojos al ver el billete de U$20.
-“Pues yo te puedo comprar todos los que traes, y así no seguís batallando”, me dijo un vendedor muy abusado que me los compraba a 6.
-“El banco los compra a 5, así que yo también”, me dijo un vendedor que iba a hacer su buen negocio conmigo. Entonces decidí en esa tienda pagar con tarjeta y de paso borrarle esa sonrisa de codicia al señor.
En todas las ocasiones el cambio (o el vuelto) de pagar cierta cantidad con dólares me lo entregaron en moneda argentina, así que aunque sí tuve unos pesos en mi poder: sobreviví a la Argentina casi sin un peso.

Y LA POLÍTICA
Múltiples ocasiones me tocó escuchar a un argentino quejándose de “esta mujer que sólo nos está haciendo enemigos” refiriéndose a la señora presidenta.
“Pronto sólo nos hablarán los venezolanos”, me dijo con cierto resentimiento un porteño; “¡somos víctimas de estas políticas casi chavistas!”. Lo cierto es que hoy tú ciudad es más interesante, le contesté: Medio Buenos Aires está en busca de cautivos turistas para sacarnos unos cuantos dólares de más.

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