Cuando sea grande

¡Estrella de rock! …no. ¡Un astronauta!  …menos. ¡Un abogado! …jamás. Desde que era niño lo descubrí y cada día que pasa estoy más convencido de ello: cuando sea grande, yo quiero ser como mi abuela. No es la aspiración típica de cualquier niño, pero mi abuela es mi ejemplo a seguir.

Me podría desvivir en renglones y renglones de elogios y atributos: guapa, elegante, carismática, inteligente, humilde, honrada, luchona y cuanto más. En vez de eso, escribo qué la hace tan especial: A sus 80 años tiene una vida social que ya quisiera yo. Si la quieres ver un sábado, resérvalo con un mes de anticipación, pues su agenda está siempre atiborrada: que si una comida con los Morales, una cena con los Guerrero, un desayuno con las de Banobras. No importa que, pero ella se la vive de arriba a abajo. Se ha rodeado de decenas, cientos de personas que la queremos, la estimamos y nos preocupamos por ella. Desde que alguien llega a su casa, llegue quien llegue, lo recibe con una gran sonrisa y su típica pregunta: “¿Qué te sirvo, un tequilita?”.

Siempre con buen tema de conversación, se sabe de espectáculos, novedades, música, deportes y más. Es divertido escucharla hablar sobre sus recetas de cocina y de cómo ha batallado su famoso flan y cuando se hace algún silencio en la conversación, ella siempre lo aprovecha para preguntar sobre política o hasta contarnos sobre sus años de juventud.

Mi abuela me enseñó uno de los más preciados tesoros que tengo: la música. Desde hace años nos sentaba a sus nietos, uno a uno, a tomar clases de piano. Hoy, 20 años después de aquellas clases, aún me siento al piano y recuerdo aquellas preciadas clases. ¡Tuve a la mejor maestra que alguien puede pedir!. Siempre, aunque estuviéramos en una fiesta, ella desde lejos te hacía señas: “Esa es Fa, no Sol… y por amor de Dios ya bájale al pedal”.  Alumnos suyos hemos sido centenares, pues lleva más de 50 años dando clases de piano.

También me enseñó a beber y a jugar cartas. Los viernes en su casa, jugando canasta y echándonos unas cubas -a mis 12 años- nos podían dar las altas horas de la madrugada. Siempre nos quería tener a todos en su casa.

¿Algo más? Uno de los más grandes ejemplos que recibí de mi abuela es que ella pudo, en situaciones realmente adversas, no sólo salir adelante, sino sacar a hermanos, hijos, hijastros, sobrinos, colados, esposos y nietos adelante.

De grande, yo quiero ser como mi abuela
De grande, yo quiero ser como mi abuela

Wow, estoy convencido que de grande quiero ser como mi abuela!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s