Día 21: Moscas en la casa

Desde que llegué me tuve que adaptar a que aquí sí se separa la basura en serio. Contenedores especiales para todo: el papel va por acá, el cartón en otro lugar, el plástico de cierto tipo por allá, el vidrio en aquella esquina; todo tiene un lugar diferente y algunas veces hasta es complicado detectar a qué clasificación pertenece el objeto que quieres tirar y luego encontrar el basurero que corresponde. En México era sencillo, simplemente basura, y en tiempos más modernos, orgánica e inorgánica.

El pasado sábado, salí muy temprano de mi casa y olvidé sacar una bolsa, que dejé cerrada, con el hueso (centro) de una manzana -que comí el viernes en la noche- y tirarla en el basurero de orgánicos. Llegué completamente agotado de mi viaje y  me olvidé por completo la canija bolsa hasta el domingo. Ese día en la mañana, cuando la moví para llevarla al basurero, vi que volaron cinco mosquitas, chiquititas, inocentes y se quedaron en mi habitación. Wow – pensé- estas mosquitas sí que son rápidas, en menos de dos días ya se están devorando mi manzana.

Moscas en la casa

El resto del domingo pasó y hasta me olvidé de las mosquitas -de seguro murieron, pues ya no hay nada más que comer en mi habitación. ¡Qué equivocado estaba!. Entre tarea, prisas y clases no tuve tiempo ni de percatarme de la situación de las moscas en mi casa durante el lunes, hasta que regresé en la noche y al abrir la puerta me dí cuenta de que había decenas, verdaderamente decenas de bichos en las paredes. Dediqué varios minutos a matar algunas con un cuaderno, luego con la mano y luego con lo que pude, ¡son tan diminutas las condenadas que no se ven!.

Harto de estar cazando a las méndigas, el único aerosol que encontré en mi habitación fue un desodorante, que al parecer las hizo más rápidas y hábiles a las canijas. Se esconden en donde sea y se pierden en cualquier pared. La única ventaja que tienen estos despreciables insectos es que no hacen un zumbido, como el de los mosquitos, así que luego de matar a todas las que pude, dormí tranquilamente.

Me he dedicado a matar las pocas moscas que quedan, pero aún me faltan algunas pocas, las más resistentes. Estoy convencido de que con el frío y la falta de comida, pronto morirán… espero.

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