Día 54: El primer examen

En mi blog he escrito sobre mis viajes, sobre la experiencia de estar acá y hasta sobre moscas en mi casa, pero no había escrito mucho sobre la maestría, que en realidad es a lo que vine. Pues hoy tuve mi primer examen, y aquí está la historia:

EL SISTEMA

Lo más interesante es que el sistema de educación británico es completamente diferente al que tuve en México. En todas las materias, únicamente ves a tu maestro una vez a la semana, durante dos horas, que es cuando imparte su clase. Adicionalmente, una vez por semana, tienes una hora de ejercicios prácticos, que algunas veces es dirigida por un maestro diferente al de la materia. Todos los recursos (presentaciones, lecturas, ejercicios sin resolver, las soluciones de esos ejercicios y hasta algunos maestros que graban sus clases) están en línea y con sólo tres horas a la semana tienes para entretenerte un largo rato.

Al principio, cuando vi mi horario, pensé que tendría cientos de horas libres -sólo tengo que estar 9 horas a la semana en la universidad- pero ahora me doy cuenta de que el sistema se basa en que hagas tu tarea (que NUNCA hacía en México) y que sigas las lecturas semanales.

University College London, mi Universidad!
University College London, mi Universidad!

Las primeras semanas (obviamente) me costó trabajo adaptarme y entender el ritmo. No entendí que SÍ teníamos que hacer tarea y me sentí como Bart Simpson cuando fui el único que no entregó nada al profesor. A la semana siguiente, me encerré en la biblioteca para acabar los ejercicios, y lo hice tan bien que acabé los de todo el mes. Ahora ya voy al día con los ejercicios y las tareas, pero, eso de regresar a la escuela, sí fue difícil.

EL EXAMEN

Desde hace semanas hemos estudiado para el examen de hoy. Repasando fórmulas, demostraciones, teoremas, ejemplos, aplicaciones, ejercicios… de todo. Hoy en la mañana me consideraba preparado para el examen; agotado de la intensa semana de estudio, pero preparado al fin.

En una enorme aula, con lugar para más de 200 personas, el profesor nos fue acomodando en nuestros lugares. Todos muy serios y muy estresados, luego luego puedes identificar las diferentes personalidades en el salón: la chica que lo sabe todo, el que no estudió y no le importa, el engreído, la nerviosa… Todas las personalidades confluyen en un mismo lugar -y a veces hasta en una misma persona- y en un mismo momento.

Nunca hubiera esperado un examen así. En sólo 45 minutos teníamos que resolver 13 ejercicios, es decir, como 4 minutos para cada pregunta. Sólo tienes que escupir tus respuestas; no te puedes poner ni a pensar, ni a calcular, y es  más, no puedes ni releer el examen para entender lo que te están preguntando. Sólo es poner más y más información, sin revisar tus cálculos, cuando de repente ¡ZAZ! tus 45 minutos se acabaron. ¡Qué golpe de adrenalina! Hace mucho tiempo no presentaba un simple examen.

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LA VIDA DEL ESTUDIANTE

Saliendo del examen, y entre el estrés, el cansancio y el rush de haber presentado mi primer examen en la maestría, me di cuenta de lo increíble que es la vida del estudiante: con sólo unas horas de ir a la universidad, con sólo estudiar y repasar un poco y con 45 minutos de máximo estrés, ya la hiciste. Esa es tu principal preocupación. Lo peor que puede pasar es “salir mal”. Extrañaba la vida de estudiante, donde las cosas son tan simples como pasar un examen!

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