No soy un criminal (lo que fácil viene, fácil se va)

Las mejores historias no se relatan cronológicamente, tal cual fueron los eventos, sino en el orden en el que se sienten. Ahora, mientras espero en la oficina de seguridad de mi Universidad a que uno de los oficiales me deje ir, escribo esta historia. Primero que nada: no soy un criminal. Espero que la imagen de delincuente pronto se borre y pueda regresar a ese la cafetería de mi escuela, donde todos me vieron tan horrible y me juzgaron de ser criminal.

Tengo una extraña mezcla de emociones y sentimientos: por un lado, incrédulo, en menos de una hora, en lugar de estar en clase, tengo que estar dándole explicaciones a un inspector. Por otro lado, con mucho coraje, esa chica sabía lo que estaba haciendo y me vio como una carnada fácil. Apenado, también, con mis compañeros del colegio que me vieron con el despliegue de seguridad encima. Finalmente, contento y reflexivo: lo que viene fácil, se va fácil.

Me repito una y otra vez la historia, la misma que le he dicho varias veces a los dos guardias de seguridad: vine a la cafetería a comprar algo de comer, intenté pagar con un billete de 20 libras y el empleado lo tomó, lo vio, y en un segundo, luego de pasarlo por la máquina de rayos UV, me aseguró que era falso. Incrédulo, saqué entonces un segundo billete, también de 20 libras, y el resultado fue el mismo: tu efectivo es falso y estás intentando pagar algo con dinero falsificado -y eso es un crimen. En unos minutos, mientras los empleados me “detenían por la fuerza”, seguridad apareció y ahora, soy visto como un experto falsificador. ¡Yo sólo quería algo de comer! Ahora sólo quiero mi dinero, mi libertad y mi dignidad. En sólo unos minutos, mi vida cambió drásticamente.

Tuve que responder toda clase de preguntas: ¿De dónde los sacaste? ¿Por qué tienes dos idénticos billetes? ¡Hasta puedes ver que los billetes con los que intentas pagar tienen el mismo número de serie!. No me di cuenta que los dos papeles tenían el mismo folio. Supongo que nadie revisa los números de serie de sus billetes, ni por ocio o curiosidad. Por el resto de las características de seguridad, los billetes pasaban todas: la marca de agua de la reina, el listón brillante, la textura típica de un billete, todo. Sólo con la máquina UV me hubiera dado cuenta. Estoy convencido que la chica que me los entregó, que me dio los dos billetes al mismo tiempo, lo sabía. Ella es empleada de una tienda de conveniencia, y cuando me vio batallando para pagar en una de esas máquinas de cobro automático con un billete de 50 libras, muy amablemente se ofreció a canjearlo. Es su trabajo -pensé- así que pagué con el billete de 10 libras lo que fuera que estaba comprando, y me llevé las dos falsificaciones como recuerdo de su crimen, disfrazado de amabilidad con el cliente. Nunca los empleados de una de esas tiendas son tan amables, y menos cuando son de la India.

¡Es mucho dinero! Para un estudiante, con un presupuesto limitado, hablar de 40 libras es hablar de un vuelo Londres-París. Aún cuando me dejen ir, estaré en el mismo lugar en el que estaba hace unas horas, sólo que con mucho menos dinero -y aún con mucha hambre. Es increíble cómo en unos segundos pasé de ser sólo un estudiante, a ser un sospechoso de una compleja red de falsificación.

Cuando los oficiales escucharon mi nombre, inmediatamente me preguntaron mi nacionalidad. Lástima que no me llamo Tim, John o Ethan, pues creo que en ese caso ni mi nacionalidad hubieran preguntado y ya estaría libre. Mexicano -les dije- y ellos se voltearon a ver con esa mirada de agarramos al pez grande. Soy mexicano, y eso, me hizo aún más sospechoso.

Lo mejor que podré hacer, una vez que esté afuera, será marchar a mi casa. A esa tienda no regresaré jamás, pues se que estoy lidiando con criminales. Levantaré una denuncia y le escribiré a la cadena de tiendas el correo más largo y molesto, explicando mi situación. Estoy seguro que recibiré un “pues qué lástima” como respuesta.

…pero en esta vida, las cosas que llegan fácil, se van igual de fácil. De ninguna manera pienso que el dinero me llega fácilmente, al contrario. Cada centavo que gasto es producto de mi trabajo y de mi ahorro… excepto muy particularmente por estas 50 libras, esas son sólo resultado de mi suerte. La semana pasada, al ir caminando en una solitaria calle, me encontré este billete tirado en el piso. Simplemente así, tirado ahí, esperando a ser recogido por alguien y resulté ser yo el suertudo. Encontrar dinero en la calle da gusto y más cuando se trata de tanto dinero. Es un billete de tan alta denominación que no en cualquier lugar te lo aceptan, así que por eso aproveché mi visita a la tienda para deshacerme del problema.  La semana pasada estaba tan contento por encontrarme tanto dinero y ahora sufro por algo que en realidad no era mío.

Ahora veo que sólo es cuestión de perspectiva: mejor pensar que no fui tan suertudo la semana pasada y sólo me encontré 10 libras en el piso.

¡No soy un criminal!
¡No soy un criminal!

2 comments

  1. Querido sobrino, lamento este incidente. Conviene que hables con un abogado no sólo para limpiar tu nombre sino para buscar el video de la tienda y atrapar a los ladrones, meterlos a la cárcel y que te devuelvan lo robado más los gastos generados.

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