Días 88 a 92: La ciudad que huele a guerra

El vuelo a Berlín fue exageradamente pesado, aunque a sólo dos horas de Londres, tuve que tomar una línea de metro y un camión al aeropuerto, por lo que el trayecto de la puerta de mi casa al hotel en el que me hospedé tomó casi ocho horas. Afortunadamente valió completamente la pena. El invierno ha estado bastante moderado, pues imaginaba llegar a una ciudad cubierta con 20 centímetros de nieve (como lo estaba para estas fechas durante el año pasado) y me tocaron días soleados y hasta templaditos.

Catedral de Berlín
Catedral de Berlín

El impacto de estar por primera vez en ese país, recorrer sus calles y sus plazas, pasear por el muro y ver sus memoriales a los muertos en la guerra te hace ver que no estás en cualquier lugar, sino en aquél en el que se definió la historia del siglo pasado. La ciudad me encantó, llena de energía y modernidad, increíbles museos y plazas, ideas avanzadas de igualdad, libertad y bien común., sin embargo, sus calles tienen un aroma de sufrimiento y melancolía.

El Atomic Man sobre el río Spree
El Atomic Man sobre el río Spree

En Berlín las cicatrices de la guerra son palpables en casi cada esquina y en cada uno de sus monumentos. Visité, junto con un amigo, el Reichstag, el cual es en realidad el parlamento alemán, y que está abierto a turistas para que conozcan su enorme cúpula de vidrio. ¡Qué cosa más impactante! Es un edificio antiguo, y en su parte superior tiene una gigante cúpula, que puedes recorrer a través de una rampa interna. Gracias a esa estructura, uno como visitante puede asomarse a la sala de sesiones del parlamento, y, un poco como leyenda, el legislador puede, durante una sesión del congreso, voltear hacia el cielo y recordar, a través de los visitantes que están haciendo el paseo, que la razón por la que él está ahí es el pueblo. ¿Cómo puede un edificio tan antiguo tener esta estructura tan moderna? Desafortunadamente sólo si éste fue destruido durante la guerra.

Cúpula de vidrio del Reichstag o Parlamento Alemán
Cúpula de vidrio del Reichstag o Parlamento Alemán

Los edificios, las calles, los señalamientos, todo cambia cuando pasas de la parte oriental a la occidental de la ciudad. Comunistas contra capitalistas; rusos contra británicos y americanos; Este contra Oeste y en medio, un muro. A lo largo de toda la ciudad puedes ver los restos de esa atrocidad que los dividió por casi treinta años.

Restos del Muro de Berlín en East Side Gallery
Restos del Muro de Berlín en East Side Gallery

Uno de los momentos más agridulces de mi visita fue llegar a la puerta de Brandemburgo, preciosa, inmaculada, el símbolo de Alemania unificada y pensar que hace unos setenta años estaba destruida, y que además hace sólo treinta años estaba bloqueada por el muro de la vergüenza.

Puerta de Brandemburgo
Puerta de Brandemburgo

El muro lo derribaron, la puerta la reabrieron y la ciudad la reconstruyeron, pero las cicatrices quedan, para aprender de la experiencia; para que nunca se nos olvide lo aberrante que puede ser construir un muro para separar una ciudad y lo patética que es la guerra. Lástima que unos cuantos imbéciles en América no han aprendido la lección.

Puerta de Brandemburgo durante la segunda guerra mundial.
Puerta de Brandemburgo durante la segunda guerra mundial.

Aquí puedes ver más fotos que yo tomé de la ciudad.

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