Día 90: Una navidad (casi) tradicional

Desde que llegué a estudiar a Londres empecé a pensar en la época navideña. Yo ya sabía que no regresaría a casa para las fiestas y que probablemente pasarlo fuera de México sería difícil. Mi familia es considerablemente grande y tenemos varias tradiciones; primero, el 24 de diciembre nos reunimos con la familia de mi mamá y cenamos el típico pavo navideño, luego alguien se disfraza de Santa Claus -que durante los últimos dos años me tocó hacerlo a mi- y le dice algunos versos a cada quien y reparte los regalos; es toda una tradición que sigue desde que mi abuela era niña y su papá se disfrazaba, y de verdad, ese momento en el que te empiezas a poner las piezas del mismo traje que ha pasado por cuatro generaciones, es verdaderamente mágico. La fiesta dura horas.

Al día siguiente, el 25, primero con mi mamá abrimos los regalos y desayunamos deliciosos hot-cakes y luego nos reunimos con la familia de mi papá y es toda otra fiesta de navidad. Comemos delicioso y luego jugamos alguna dinámica apta para más de veinte personas, como “Dilo con mímica”, y abuela, tíos, primos, todos jugamos. La comida usualmente se prolonga hasta que se te antoja, otra vez, un pedacito del delicioso pavo o de la ensalada navideña.

Este año, lejos de la familia, me tocó una navidad tan especial como las anteriores. Junto con dos queridísimos amigos, Diana y José Luis, la pasamos en Berlín. Los tres estamos estudiando en Europa y los tres estamos lejos de casa. Nos reunimos el 24 temprano (temprano para ser vacaciones en Berlín, donde se puede beber alcohol hasta en el metro y la fiesta dura días) y preparamos un delicioso pastel de zanahoria. Hablamos durante horas de nuestras experiencias, los planes, los amigos que se quedaron en México… de todo. Ese día en la noche fuimos a casa de otros dos amigos, que para mi eran desconocidos hasta ese día, pero que se esforzaron de manera inimaginable para hacernos sentir como en su casa. La cena estuvo deliciosa -platillos navideños tradicionales de Escocia- pero estoy seguro de que lo que más disfruté fue la compañía. Pasar esas fechas con dos viejos amigos y desde ahora, dos excelentes y nuevos amigos, hizo la fecha muy especial. Como si no hubiéramos comido suficiente, nos recibieron para el recalentado y descubrimos que efectivamente, la comida sabe aún mejor al día siguiente.

Difícilmente esa experiencia se repita, es decir, los amigos, la cocinada, Berlín, toda la magia de estar ahí, pero sí me vería el próximo año rayando zanahorias para el pastel de Diana, discutiendo con José Luis sobre política, religión o cualquier tema. ¡Así se empiezan las tradiciones!.

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¡Feliz Navidad!

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