Día 181: A Medio Camino

Hace exactamente seis meses aterrizó mi avión en Londres y empezó mi aventura en este continente. Estoy realmente contento y satisfecho con la decisión de venir para acá: aprendo mucho, me siento mucho más preparado de lo que estaba y la experiencia es algo inigualable. Por alguna razón una de las preguntas que más frecuente me hacen es si no extraño la comida mexicana y debo de confesar que no. ¿Cómo podría extrañar algo tan banal, tan superfluo y tan inmediato como un platillo, que estará sólo por unos segundos en mi boca?

Extraño las discusiones de política con mi jefe: que si la izquierda o la derecha, que si el libre mercado o que si la educación en México. Extraño las actividades de integración con los muchachos, hacernos reír un rato y seguir con la rutina diaria. El reto de tener un trabajo, tener un equipo y tener con ellos el mejor de los trabajos. Las conversaciones con mis compañeros, e incluso ir a tomarnos una sangría. ¿Cómo comparar esos increíbles momentos con un plato de chilaquiles?

Extraño a mis amigos. Los momentos que al estar todos en la escuela abundaban, pero que al crecer se hicieron menos frecuentes pero más especiales. Desde una cervecita los jueves, o el dominó de los martes, ir a un bar en viernes y que nos corran de un antro el sábado. Extraño que me cuenten de su vida, y vivir con ellos sus experiencias laborales, ser el hombro que consuela o tener un hombro para consolar nuestros fracasos amorosos. ¿Quién extrañaría más unos tacos que a sus amigos?

Extraño a mi familia: las grandes reuniones con tíos y primos, o las pequeñas reuniones con mis abuelas, jugar cartas con mi mamá o platicar con ella durante horas sobre cualquier tema. Extraño mucho esos pequeños momentos con mi hermano, desde preparar hot-cakes, ir al súper o hasta discutir sobre a quién le toca sacar la ropa limpia de la lavadora. ¿Cómo podría extrañar más unas enchiladas que a mi familia?

Me quedan al menos otros seis meses de seguir disfrutando de la vida en Londres y por lo pronto seguiré extrañando mi ciudad y mi mundo en México; seguirán siendo raros los días en los que se ve el Sol en el cielo, seguiré extrañando a mis perras y el calor de marzo. Además, paradójicamente no sólo lo que menos extraño es la comida de mi país, sino que si hay algo que abunda en esta ciudad son restaurantes de comida “mexicana”.

A Medio Camino
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