Día 189: La práctica hace al maestro

Una regla que usualmente aplico en mi vida social es “nunca digas no”: quedarme en mi cuarto a leer, hacer tarea, descansar o estudiar es algo que puedo hacer en cualquier momento de la semana, pero la invitación a un evento tiene vigencia y fecha de caducidad, por lo que casi siempre, lugar al que me inviten digo sí. A veces termino arrepintiéndome un poco de mi regla, pero funciona.

N1
Señalamientos en la bodega-bar

Esta semana fui invitado por un gran amigo a uno de esos eventos en los que otros hubieran encontrado algún pretexto para fallar, pero ahí estuve yo, en una especie de bodega abandonada del este de Londres que fue el escenario perfecto para una noche de gamers, es decir, noche de videojuegos.

Entre las paredes de ladrillos y con proyectores y sábanas pegadas a las paredes en forma de pantalla, había chicos jugando videojuegos de carreras (Mario Kart de Super Nintendo) y de luchas (Street Fighter y Smash Brothers) y era todo un torneo -más de cien personas, 95% hombres- para ganar una de las nuevas y más modernas consolas. El lugar era realmente alternativo, geek, pero con ese aire de originalidad que sólo te puedes encontrar en una bodega- bar.

N2

Al principio de la noche me sentía un poco fuera de lugar; la conversación iba de una consola que nunca he jugado a otra y de un videojuego al siguiente, pero cuando llegamos al tema de los juegos por computadora, ahí sí que dejé de seguir la conversación: hace más de quince años no juego algo en mi computadora! Estaba rodeado de geeks y confirmé que yo no soy uno de ellos.

Llegó entonces mi momento de mostrar mis habilidades en el torneo, pero la verdad es que hace bastante tiempo que no tenía uno de esos controles en mis manos y aunque hace años yo era un expertazo en esos juegos, en cuestión de segundos ya había perdido. En la revancha me fue aún peor, y en la tercera y cuarta peleas también. Odio perder pero estaba jugando contra el “campeón nacional” de ese juego; imposible ganar.

N3

Resultó ser una noche sumamente divertida, de recordar mis viejos tiempos frente a la televisión, de cientos de horas jugando una y otra vez la misma carrera hasta poderla hacer con los ojos cerrados o de competir contra los primos y los vecinos para ver quién se sabía más trucos. Mi regla para la vida social de nunca decir no a veces me da sorpresas como esta, pero me alegra mucho haber vivido una noche tan geek y tan diferente, noche de videojuegos.

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