Día 243: Qué suerte tienen los que (aún) no se bañan!

Llegamos justo al amanecer a Bruselas. Nos fuimos en camión desde Londres pues tiene dos grandes ventajas: es exageradamente barato y puedes hacer el trayecto, las casi nueve horas, de noche. Mi prima y yo fuimos botados en la terminal cerca de las 6 de la madrugada. Cuando llegas a una ciudad nueva y la empiezas a explorar, todo se ve nuevo y emocionante, así que desde la estación caminamos, con maletas y aún medio dormidos, en uno de los sentidos. Hacía mucho frío, estaba cayendo una llovizna bastante fría y molesta y el cansancio de haber pasado la noche en los incómodos asientos del autobús hacía la caminata bastante larga y tediosa.

Tal vez estoy un poco mal acostumbrado a vivir en Londres, donde en casi cada esquina hay un mapa turístico con el cual te puedes ubicar fácilmente. Pues en Bruselas eso no sucede. Sus mapas, los pocos que hay, son sólo una muy lejana representación de las diez principales avenidas de la ciudad y los cinco principales barrios, donde no queda claro ni siquiera la ubicación en la que te encuentras.

Caminamos un rato en la misma dirección. Eventualmente llegaremos a algún punto importante y podremos preguntar a las personas de ahí sobre la plaza a la que vamos. A mí me urgía un café, una aspirina, una cama, un baño, comida, todo… pero lo primero, dejar de cargar nuestras maletas. A esas horas de la madrugada, las pocas personas que encuentras en la calle no tienen la paciencia de explicarle a un turista, que ni sabe hablar su idioma, direcciones de cómo llegar a un lugar.

Eventualmente llegamos a un hotel de lo más elegante. Un gran hall de entrada, con un estilizado bar y un gran restaurante en la puerta. Lo único que queríamos pedir era direcciones de la ciudad. Nos acercamos al mostrador del hotel y nos atendió una chica de lo más amable. Bienvenidos a Bruselas, nos dijo con una enorme sonrisa. ¿Nos podrías regalar un mapa turístico? pedí a la chica de la recepción. Con un mapa, fácilmente nos moveríamos por la ciudad.

La chica nos miró y aunque seguramente en ese estado y a esas horas desencajábamos con sus habituales huéspedes, nos preguntó si teníamos una reservación. Ese grandioso hotel estaba muy distante del hostal que nos esperaba a mi prima y a mi, que prácticamente nos fuimos de mochileros a Bélgica. Nuestra habitación, compartida con otros seis desconocidos, sería completamente diferente a las lujosas recámaras de ese lugar. Inmendiatamente contesté que sí; supuse que, al igual que en todos los hoteles, la hora para hacer el check-in era mucho más tarde y que únicamente nos daría un mapa y ya.

¿Cuál es su apellido? nos preguntó. Aunque la conversación era en inglés, mi acento de hispanoparlante es innegable. González, contesté muy seguro. La señorita empezó a teclear algo en su computadora mientras que lo único que yo pensaba era en correr de ahí. No nos encontrará en su sistema y capaz y hasta llamará a seguridad para sacarnos de su hotel. ¡Qué pena que nos saquen de un hotel así! Miré de reojo a mi prima, que me se quedó impresionada con mi respuesta.

¿José González? preguntó la chica. ¿Dos noches, verdad? bienvenidos. Yo sólo asentí, y tuve que hacer un enorme esfuerzo para no atacarme de risa. No podía creer mi suerte de haber inventado el apellido de una persona que también llegaría a Bruselas ese día. Muy amablemente nos dio un mapa de la ciudad, -por cierto, el mejor que conseguimos durante todo nuestro viaje- nos recomendó un recorrido por las calles cercanas al hotel, nos mostró cómo llegar al centro de la ciudad y nos ofreció guardar las maletas hasta poder hacer nuestro check-in en el hotel. La chica se mostró muy extrañada cuando le dije que preferíamos seguir caminando por la ciudad con nuestras maletas, pero hubiera sido aún más embarazoso tener que regresar a ese elegante lugar a recoger nuestro equipaje.

Durante toda nuestra estancia en Bruselas, mi prima y yo nos atacábamos de risa al pensar en nuestra fortuna y al recordar la forma más extraña de conseguir nuestro mapa turístico. ¡Qué suerte tienen los que no se bañan!

Bruselas

One comment

  1. jajajajaj que buena historia y siempre he dicho que dices Gonzalez y hasta los perros ladran, aclaro que yo me apellido Gonzalez, y eso mas risa me causo, jajajjajajjajjajajja!!!!!, me hiciste el dia, un beso

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