Día 246: La ciudad de las campanadas

Desde que el tren nos llevaba a la ciudad de Amberes el cielo se veía gris. Sabíamos, mi prima y yo, que nos tocaría un día de lluvia, aunque eso no nos impidió conocer esta ciudad al norte de Bélgica. Algo interesante de ese país es que en la zona norte, en ciudades como Brujas, Gante o Amberes, hablan neerlandés, el idioma que se utilizan en Holanda, mientras que en el sur del país, en ciudades como Lieja se usa el francés; sólo en la capital del país es frecuente hablar en ambos idiomas.

Amberes es pequeña aunque en realidad es la segunda ciudad más grande de Bélgica, así que nos dio tiempo perfecto de recorrer todos los puntos de interés en sólo un día. La ciudad nos recibió con una tormenta, que se convirtió en una ligera lluvia que duró hasta que nos subimos de regreso al tren. Desafortunadamente el clima afecta mucho la percepción que una ciudad te genera pues no es lo mismo recorrer un lugar con el sol brillando sobre un brillante cielo azul que correr entre los techos y las construcciones para evitar empaparte.

Grote Markt, Amberes
Grote Markt, Amberes

En medio de la tormenta nos acercamos al lugar que más me gustó de Amberes que es el Grote Markt o plaza central. En esa plaza está el Palacio de Gobierno y algunos edificios muy interesantes, pero algo verdaderamente impresionante es la enorme fuente que se encuentra en el centro de la plaza: desde la forma en que está dispuesta en la plaza, en lugar de estar rodeada por algunas vallas o jardineras (como la fuente de la Cibeles), aquí te puedes acercar y tocar la escultura y sus chorros de agua; incluso en esta fuente el agua cae directamente a la calle. Cuando me acerqué lo suficiente para ver las diferentes partes de la enorme fuente, lo que no estaba mojado ya por la lluvia fue empapado por los múltiples chorros de agua que brotan de la fuente. Esta no es la típica fuente de un tritón y algunas figuras marinas sino todo lo contrario, tiene un sujeto en la parte superior, que con una postura victoriosa, sostiene una mano de la cual brota un chorro de agua que simula sangre. En la parte inferior de la fuente se encuentra un segundo sujeto, sin una mano y del cual brotan varios chorros de agua desde sus múltiples heridas. Es una fuente realmente sangrienta, una vez que te acercas y entiendes que los chorros de agua representan sangre que brota o de la mano cortada o del cadáver sobre el cual está la fuente. Afortunadamente aquello era sólo una fuente, pues ese chorro que nos estaba mojando los pies y las piernas brotaba de la yugular del hombre que yacía muerto.

Grote Markt, Amberes
Grote Markt, Amberes

Es verdaderamente impresionante ver una escena tan sangrienta y tan agresiva en la plaza central de lo que parecía ser un pacífico poblado de Bélgica. De hecho, la escena representada en la fuente -que tiene casi 130 años de haber sido construida- es la que le da el nombre a la ciudad. El sujeto que está la cúspide, el triunfador, representa a Silvio Brabo, un héroe mitológico que liberó a las personas de las barbaridades cometidas por Druoon Antigoon -el sujeto sin mano- que obligaba a las personas que pasaban por el río Escalda (o río Shelde en neerlandés) a pagar peaje y le cortaba la mano a todo aquél que se opusiera. La leyenda cuenta que nuestro héroe, Silvio, le cortó una mano y la aventó al río. De ahí, no sólo surge la estatua, sino que en aquél idioma, Hand es mano y Werpen es lanzar, por lo que a la ciudad se le conoce como Antwerpen, Antwerp o Antuerpia, como antes se conocía a ese lugar en castellano.

Al fondo la Catedral de Amberes
Al fondo la Catedral de Amberes

¿Y las campanadas? Pues mi prima y yo recorrimos esta ciudad y al aproximarnos a la plaza central empezamos a escuchar que desde la catedral unas muy fuertes campanadas que marcaban las 3 de la tarde. Imponente el sonido que hacían, nos detuvimos a contemplar la escena, pensando que en unos minutos se acabaría y seguiríamos nuestro camino. Como no se detenían, seguimos caminando y desde la catedral se seguía escuchando aquél grandioso ruido. Estoy casi seguro que desde cualquier lugar de Amberes se logra escuchar tan abrumador sonido. Caminamos, tomamos algunas fotos, vimos la fuente de Silvio Brabo y las campanadas seguían. Nos sentamos a beber unos tragos, nos alejamos del centro, nos comimos un wafle y el ruido no paraba. Las campanadas parecían seguir y seguir eternamente. Incluso, luego de escucharlas por tanto tiempo, llega un momento en que las bloqueas y no te percatas que las campanadas siguen. Podría asegurar que por más de dos horas -no se si pase todos los días o sólo aquél lunes que estábamos de visita en la ciudad- Amberes se estremeció con el fuerte tañido de sus campanas.

Puente sobre el Stadspark, Amberes
Puente sobre el Stadspark, Amberes

Pese a la lluvia, a lo gris del cielo, a lo sangriento de su gran monumento y al imparable ruido de las campanas, me encantó visitar esta ciudad del norte de Bélgica. Claro que el clima afecta mucho la percepción que un lugar te genera, pero disfrutar de este lugar con mi prima, ponernos al tanto de nuestras vidas y atacarnos de risa por cada tontería que a alguno de los dos se nos ocurría fue algo invaluable. Hubiéramos podido estar en el lugar más aburrido del mundo -Omitlán- y aún así hubiera sido un día realmente especial.

Aquí el resto de las fotos que tomé en Amberes.

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