Cocainóma-NOT

Desde que aterricé en el Distrito Federal, mi nariz ha pasado por un muy mal momento. Los primeros días era sólo una pequeña picazón, luego una sensación de ardor que se empezó a sentir como si  me hubiera quemado, hasta que en recientes días siento como si estuviera inhalando fuego en cada respiración. La causa es en parte la alta contaminación de la Ciudad de México y en mayor medida que el invierno es muy seco, completamente árido, en comparación al clima de Londres.

Lo he intentado de todo: antihistamínicos, sales de mar, Afrín, lubricantes nasales, gotas en los ojos, manzanilla, y en realidad nada parece funcionar a la perfección. Hay días que he estornudado más de 60 veces! De pronto me llega un ataque de estornudos y no lo puedo controlar, y lo incómodo -e incluso peligroso- es que me ha pasado mientras voy manejando o andando en una bicicleta. Se me cierran los ojos e incluso me lloran sin parar mientras una secuencia de estornudos hace que detenga todo lo que estoy haciendo.

Cansado de la situación y del dolor de cabeza que estornudar tantas veces genera, decidí consultar a un médico. Fui a uno de esos consultorios que se encuentran junto a una farmacia y al recibirme, el doctor inició su interrogatorio:

-Fecha de nacimiento, joven?

-15 de febrero de 1986, le respondí.

-Altura, joven?

-1.98 metros.

Peso, profesión, teléfono… de todo me preguntó el médico.

-Fuma?

-Muy poco, respondí.

-Bebe?

-Pues a veces. Sí… Sí, sí tomo. Todo lo que me preguntó se lo respondí al doctorcito.

Se acercó y me empezó a revisar los ojos, los oídos, la garganta y con su estetoscopio checó mi respiración y mi pulso. Todo bien, me comentó. Inclinó mi cabeza hacia atrás y me revisó la nariz. En menos de un segudo, me afirmó:

-Joven, usted inhala cocaína.

-Jamás, doctor -le contesté-, nunca la he probado.

-Pues a mi no me engaña y usted tiene nariz de cocainómano- reiteró.

-Ay, doctor. Precisamente estoy aquí por el ardor que tengo en la nariz. Nunca he probado la coca.

-Pues usted es un cocainómano y un mentiroso, y a mi no me gusta atender a pacientes mentirosos -me dijo el señor mientras dabaa un paso para atrás, indicándome que no me atendería más.

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Más que molestarme sus dos aseveraciones (que soy cocainómano y que soy mentiroso) yo estaba impresionado por el efecto que estar dos semanas en el DF había tenido en mi nariz. Mientras en Londres me sentía de maravilla, aquí ya traigo nariz de drogadicto. Le expliqué al doctor sobre mi nariz, los tres frascos de Afrín que ya me había terminado, las sales de mar y los estornudos y él pareció entenderlo, al menos hasta cierto punto.

Medio a regañadientes y de mala manera me escribió una receta, que en su cabeza sirvió para remediarle la nariz a un cocainómano. Yo seguiré, al menos por los días que me quedan en México, dándome mis pericazos de sales de mar y mis llegues de lubricante nasal.

One comment

  1. Aunque escuche en voz del propio autor parte de este relato, me encanta leer tus narraciones, las saboreo, las novelizo, las vivo y me encanta el rato de solaz esparcimiento que me regalas, un beso

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