Racistaaa…!!!

Un señor un tanto mayor, un anciano, por decirlo de una manera menos sutil, es quien me renta mi habitación de estudiante. Frank es una persona que probablemente podría llamarse promedio dentro de su propio contexto: de raza blanca, casado, dos hijos, dos nietos, adinerado y solitario. Creo que una de sus únicas actividades es la de mantener el edificio en el que vivimos, otros dos sujetos y yo, así que ocasionalmente -más frecuente de lo que es necesario, considero yo- viene al edificio y revisa que las luces sigan funcionando y que la correspondencia sea repartida en la habitación correcta.

Desde hace tiempo descubrí que lo que busca, en realidad, es entretenerse. Busca un poco de compañía, un conversación amena y una razón para salir de su casa, por lo que, cada vez que lo escucho entrar, le ofrezco una taza de café y nos sentamos un largo rato a platicar. Es una persona interesante y disfruto platicar con él. Me cuenta de sus anécdotas de cómo fue la pubertad en Londres en la época posterior a la Segunda Guerra Mundial y de cómo Margaret Thatcher representa lo mejor y lo peor de Inglaterra.

Se interesa también en mi vida y me pregunta por mis estudios, mis planes, mis proyectos… y a veces, sólo a veces, la conversación es genuina y honesta. No siempre pasa, pues casi me triplica la edad, no tenemos mucho en común y tenemos un pasado muy diferente, así que usualmente la plática pasa sólo en temas muy superficiales -clima, como cualquier británico- pero en algunas ocasiones, logramos una plática un poco más interesante que la que, en promedio, un inquilino tiene con el propietario. Así, me ha dejado ver varias veces que él, simplemente es racista. Jamás ha puesto un pie en Latinoamérica, África o Asia: miedo a los salvjes que viven en esas junglas. Se siente inseguro cuando alguien se le acerca en la calle, pero aún más inseguro si esa persona no es de raza blanca. Buenos y perfectos, sólo los blancos (de preferencia nacidos en Europa y de ser posible, en la parte Norte… no vaya a ser que nos mezclemos mucho con los ruidosos italianos).

No es su culpa, y no estoy muy seguro de que pudiera ser diferente. Probablemente ahora vemos absurdo pensar que tu país de origen determina tus capacidades o te hace menos o más valioso, pero también hay que tomar en cuenta que Frank tiene casi 90 años. Así como una película no se puede evaluar por una simple foto, el hecho de que Frank sea racista ahora es sólo producto de su edad y su pasado. A lo largo de su vida, era una novedad que las mujeres pudieran votar, o que los negros lo hicieran; incluso él ya era un adulto mayor cuando el Apartheid fue eliminado en Sudáfrica. Probablemente la única relación que ha tenido en su vida con personas no europeas es a través de la renta de los cuartos de su edificio, que significa que a lo largo de los años, ha tenido limitado contacto con personas no europeas y sólo en situaciones en las que él es el dueño, con dinero y con poder, y nosotros, los inquilinos, procedentes de países en vías de desarrollo, sin mucho poder y sin mucho futuro dentro del Reino Unido.

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En una de nuestras pláticas, y ya entrados en confianza, me preguntó por mi doctorado. Se me quedó viendo, con una cara de sorpresa e incredulidad y me dijo, de una manera muy amable: “Wow, así que tú eres como el caballo negro. Es una frase que decimos aquí en Inglaterra, y es que cuando vas a las carreras de caballos y al ver a los que van a correr, no das un centavo por el que se ve más débil, pequeño y usualmente negro… y a veces, resulta que ese caballo, por el que nunca darías ni un centavo, gana la carrera”.

Me tardé unos segundos en reaccionar. En realidad, Frank me estaba diciendo un cumplido, ¿o no?. En su percepción, ¡yo estaba ganando la carrera!. Pero, ¿qué me hace ser el caballo que se ve más débil, pequeño o negro? Ser mexicano. Es raro recibir un cumplido que es tan insultante. Estoy seguro de que si mi situación fuera exactamente la misma, pero yo fuera holandés, alemán o inglés, yo hubiera sido uno de sus caballos predilectos para ganar la carrera.

Frank sonrió, pensando que había sido muy positiva y alentadora su frase. “Gracias”, fue lo único atiné en contestar, aunque por dentro, en realidad le hubiese querido gritar un “Racistaaa…!!!”. No estoy muy seguro de cuál es la parte que me parece más nefasta: el hecho de que él piense que por ser mexicano soy naturalmente menos capaz, o el hecho de que me tomó más de un año de ocasionales visitas y de entretenidas pláticas ganarme la imagen del caballo negro.

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